Harold Arango Gomez Desde la Picota sigue delinquiendo.



Nuevas denuncias ciudadanas han comenzado a circular en la ciudad de Medellín y en diferentes municipios del país, alertando sobre la presunta continuidad de una red de estafas que, según testimonios de víctimas, estaría vinculada con el nombre de Harold Arango Gómez, quien actualmente se encontraría privado de la libertad en el centro penitenciario La Picota, en Bogotá.

De acuerdo con múltiples reportes ciudadanos y relatos conocidos por personas afectadas, las estafas no solo continuarían presentándose, sino que estarían mutando en su modalidad, expandiendo el número de víctimas y diversificando los sectores impactados.

Aunque las autoridades judiciales son las únicas competentes para determinar responsabilidades definitivas, las denuncias recientes han generado preocupación por la facilidad con la que, presuntamente, se seguirían coordinando operaciones fraudulentas incluso desde el interior de un establecimiento carcelario.

La presunta modalidad: ofertas irresistibles y engaños cuidadosamente diseñados
Según los testimonios recopilados, el patrón se repite con un mismo elemento común: ofertas demasiado atractivas, presentadas con aparente formalidad, urgencia y confianza, para inducir a las víctimas a realizar transferencias o pagos anticipados.
Las denuncias señalan que, presuntamente, el implicado o personas que actuarían en su nombre utilizan:

llamadas telefónicas directas, mensajes por WhatsApp, perfiles falsos en redes sociales, números telefónicos rotativos, y cuentas bancarias que cambiarían con frecuencia.

Los contactos se realizarían con una narrativa convincente, presentándose como un intermediario con “contactos”, “cupos limitados” o “mercancía exclusiva”.
En la mayoría de casos, la víctima es persuadida para entregar dinero bajo el argumento de asegurar un producto, una reserva o un supuesto negocio con alta rentabilidad.

iPhones, celulares de alta gama y tecnología: el gancho más frecuente
Uno de los mecanismos que más se repite, según las denuncias recientes, es la supuesta venta de iPhones y celulares de alta gama a precios por debajo del mercado.

Las víctimas relatan que los estafadores ofrecen equipos supuestamente nuevos, sellados, importados o de “bodega”, a precios altamente atractivos. En algunos casos, se envían fotografías de los productos, supuestas facturas, cajas, números de serie e incluso videos que aparentan demostrar la existencia real de los dispositivos.
Sin embargo, tras el pago, el producto nunca llega o llega un paquete con objetos diferentes, sin posibilidad de rastreo.

Boletería para conciertos y eventos: un negocio que deja víctimas en masa
Otra de las modalidades denunciadas es la presunta comercialización de boletas para conciertos y eventos masivos, aprovechando temporadas de alta demanda en Colombia.
Las denuncias señalan que el contacto ofrece entradas “VIP”, “preferenciales” o “en palco”, asegurando que se trata de boletas legales con entrega inmediata.

En ocasiones, la víctima recibe comprobantes digitales que simulan ser oficiales. Sin embargo, una vez realizado el pago, los supuestos vendedores desaparecen, bloquean los números y cortan toda comunicación.

Las víctimas relatan que en muchos casos el engaño solo se descubre cuando ya están en la entrada del evento y las boletas resultan falsas o inexistentes.

Restaurantes, almacenes de ropa y ópticas: sectores comerciales también afectados
Lo más alarmante de las denuncias recientes es que la presunta actividad no se limitaría a particulares. Varias versiones señalan que también se estarían afectando empresas y comercios, incluyendo:
restaurantes, almacenes de ropa, ópticas, emprendimientos, y pequeños negocios que operan con pagos digitales.

En estos casos, la modalidad sería distinta: se trataría de supuestas compras grandes o pedidos al por mayor, en los que se simula una transacción y se genera una falsa confianza para luego realizar maniobras que terminan en pérdidas económicas.

En algunos testimonios se habla de falsos soportes de pago, consignaciones que luego son reversadas o comprobantes editados digitalmente.

La supuesta operación desde prisión: denuncias apuntan al uso de celulares en centros penitenciarios
Uno de los aspectos más delicados de estas denuncias es que varias personas aseguran que la operación se estaría coordinando incluso desde prisión, presuntamente mediante el uso de teléfonos celulares.
De ser cierto, esto abriría un debate serio sobre los mecanismos de control dentro del sistema penitenciario colombiano y el riesgo que representa el acceso a comunicaciones no autorizadas.
Las víctimas afirman que, aun cuando se les informa que Harold Arango Gómez se encontraría recluido, las llamadas y mensajes no cesan, lo que genera sospechas sobre la existencia de una red de apoyo externo o de terceros que ejecutarían las operaciones siguiendo instrucciones.
Red de terceros y “cómplices”: una hipótesis frecuente entre víctimas
Otra constante en los relatos es la percepción de que el esquema no sería ejecutado por una sola persona. Por el contrario, varias víctimas consideran que podría existir una red que incluye:
intermediarios, personas encargadas de recibir dinero,prestanombres para cuentas bancarias,
mensajeros, y operadores digitales que manejan perfiles falsos.

Este tipo de organización, según expertos en delitos informáticos, es común en redes de estafa: mientras una persona coordina y manipula, otras se encargan de la logística de recepción del dinero y el ocultamiento de rastros.

El impacto emocional: víctimas endeudadas, avergonzadas y sin respuesta
Más allá de las pérdidas económicas, las denuncias reflejan un fuerte impacto emocional. Varias víctimas aseguran haber caído en los engaños por necesidad, confianza o urgencia.
Algunos relatos indican que se trataba de personas que buscaban:
comprar un celular para trabajar,
adquirir entradas para un evento familiar,
invertir en mercancía para sus negocios,
o aprovechar una oportunidad comercial.
Al descubrir el fraude, muchos quedan endeudados, con sensación de impotencia y en algunos casos con temor de denunciar por miedo a represalias o por vergüenza.
El llamado urgente: denunciar, no callar y alertar a otros
Diversas voces han insistido en que este tipo de hechos no deben normalizarse y que la ciudadanía debe actuar con precaución ante cualquier negocio digital que exija pagos anticipados sin respaldo formal.

Un caso que sigue generando alerta pública
El nombre de Harold Arango Gómez ha sido relacionado anteriormente con denuncias públicas y reportes mediáticos sobre presuntas estafas en Medellín. Hoy, nuevas versiones sugieren que la historia no habría terminado.

Si las denuncias actuales resultan verificadas, se trataría de un caso grave que evidencia cómo el delito puede reinventarse y operar incluso en escenarios donde se supone que el control del Estado debe ser absoluto.

Por ahora, las víctimas piden respuestas claras, investigaciones contundentes y acciones institucionales para frenar lo que consideran una amenaza constante para comerciantes y ciudadanos.
La comunidad exige que el caso no quede en el olvido y que se garantice justicia para quienes han sido afectados.

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